Una cita para el verano (Jack Goes Boating)

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Pudiera parecer una ironía del destino que Jack Goes Boating, la última película que el fallecido Philip Seymour Hoffman protagonizó y en la que debutaba como director, sea en gran medida una apuesta por la vida a pesar de las dificultades. En la película que por fin se estrena en España encarna el papel de Jack, un tipo introvertido, tímido y poco mañoso; su vida comienza a prosperar en la medida en que crece su interés por Connie, una mujer también peculiar, retraída y sensible como él. Su afán por estar a la altura de las circunstancias le lleva a preocuparse por su aspecto exterior y a implicarse en actividades por las que nunca antes se había preocupado, como aprender a nadar o a cocinar. Aparecen el alcohol y las drogas en sus vertientes estimulante y desestabilizadora, también lo inevitable de la fatalidad, con acontecimientos que en un instante arruinan  todo lo construido con esfuerzo y tesón. Pero, a pesar de su fragilidad, se destaca  el valor de una actitud positiva ante la vida, una condición necesaria para romper con los círculos viciosos destructivos y mirar hacia adelante.

La banda sonora la ponen los neoyorkinos Grizzly Bear y el músico y compositor Evan Lurie. Hay, además,  una canción que forma parte del entramado narrativo. Es The Rivers of Babylon, no en la popular versión de Boney M, sino en la original y menos conocida, la de la banda de rocksteady The Melodians. La letra se basa en un salmo bíblico que recoge el lamento del pueblo judío por su destierro de Jerusalén tras la conquista babilónica. Jack se siente atraído por la buena onda del reggae, un genero musical que inspira su estética personal y ve en su optimismo su principal virtud. La letra no se coge demasiado bien al principio, viene a decir en la película, pero acabas entendiéndola después de escucharla varias veces.


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